27 de septiembre de 2020

Marino Villalba, sobrio e impasable zaguero centro

Era práctico, sencillo. Su principal tarea era evitar que los delanteros dominen el balón en área que él cubre. No se complicada en el fondo, virtud que lo llevó a disputar partidos importantes contra los equipos más grandes del fútbol paraguayo. Nació en la lejana localidad de San Joaquín, departamento de Caaguazú, pero toda su vida la vivió en Ciudad del Este.

Hablar de Marino Villalba es hablar de Boquerón, el club que lo vio nacer y en el que ganó mucho. En ese club jugó la Copa República contra Olimpia, Cerro Porteño, estos con sus figuras de peso. El sanjoaquino saltaba bien para despejar el balón y evitar que procese el rival en ofensiva.

Militó mucho tiempo en la selección Paranaense de mayores, con la que obtuvo logros importantes, que quedaron en la historia. Villalba no ocultó su felicidad y hasta se emocionó al recordar aquellos momentos gloriosos, como también los duros, que soportó para ganarse un lugar en el equipo y un sitio eterno en el corazón de la afición deportiva paranaense.

Integró equipos con destacados atletas, inclusive, su don de persona y gran futbolista, motivó que clubes de Primera se fijarán en él. Pero la falta de visión de los directivos de aquel momento lo privó de una transferencia importante.  

INICIOS

 “Comencé a entrenar a los 15 años. Un día fui por iniciativa propia a Boquerón, cuando se practicaba en el Batallón, en el Km. 8. El profesor Aníbal Montiel era técnico, recuerdo. En aquella época estaban grandes figuras, futbolistas que venían de Asunción. Me costó mucho estar en el equipo principal, pero tuve que aprender a perseverar para tener cabida en Primera”, señaló Marino.

APODO

 “Un amigo fue el culpable de mi apodo. Como me gustaba mucho ir de pesca, un día este amigo fue a pescar y a la vuelta me dijo: te traje tu foto, era un pira jagua. Desde ahí me quedé con ese apodo,  cuando era niño aún. Y con ese apodo se me conoció en el ámbito del fútbol”, dijo

AYER Y HOY

 “Antes, nosotros nos ganábamos el puesto por méritos, gracias al esfuerzo, trabajo, dedicación, disciplina y mucho sacrificio. Estos valores marcaban la diferencia. El propio director técnico se fijaba en detalles como la puntualidad, la responsabilidad, el deseo que muestre el atleta. Yo tuve que irme caminando varias veces para practicar, inclusive, llegaba primero. Justamente ese factor me ayudó a ganarme una oportunidad, conste que era suplente de grandes figuras del fútbol”, expresó.

“Teníamos vergüenza deportiva, si perdíamos un partido, teníamos la obligación moral de hacer más esfuerzo y ganar el siguiente partido. Hoy día todos estos valores se perdieron, entonces, el propio futbolista no se esfuerza para ganarse el puesto. Y en estos casos el equipo es perjudicado al igual que el jugador, porque si se le presenta otras oportunidades mejores, difícilmente puedan responder a las exigencias”, agregó.

UN TÉCNICO

Carlos Arce. No era un técnico, era un padre. Un señor apasionado del fútbol, sumamente exigente durante su trabajo. Tenía un estilo particular, trabajaba mucho en planteamiento táctico. Enseñaba mucho como pararse en la cancha. En su época, Boquerón tenía jugadores locales, que le hacían frente y ganaban a grandes equipos en la Copa República. Todo eso fue gracias a Don Carlos Arce, que con juego sencillo, tácticamente,  soportábamos a grandes rivales. Además, nos enseñaban cosas que un técnico no suele hace, como la responsabilidad, el respeto, la puntualidad, la humildad”, indicó.

REGALOS DEL FÚTBOL

 “El fútbol me dio amistades, miles de amigos en todas partes.  Me dio la posibilidad de conocer muchos lugares. Hasta emocionado puedo decir, que el cariño y aprecio que recibo a donde vaya es impresionante, y eso para mí no tiene precio, porque eso uno se gana, no compra ni alquila”, refirió.

ANÉCDOTA

 “Una vez tuve que pasar gran parte de la noche en el baño de una habitación porque mi compañero Carlos Feltes era sonámbulo. Escuché un ruido, me desperté y he visto a Feltes abriendo el ropero y dándose la vuelta en la habitación. Y cuando se dirigió hacia mi cama tuve que saltar, correr y entrar en el baño, donde me quedé mirando buen tiempo, porque él continuaba caminando con los brazos en frente hasta que volvió a acostarse”, manifestó.

MENSAJE PARA LA JUVENTUD

 “En el fútbol no hay secretos. Todo el mundo sabe que para ser buen futbolista hay que sacrificarse, solo que no todos hacen. Pero, puedo decir, que hay tener perseverancia, nunca desistir, porque cuando uno se prepara, se cuida en su vida privada, surgirán las oportunidades, cuando estas aparezcan, Dios también estará allí. Hay que ser humildes, no creerse el mejor, sobre todo, el futbolista es una persona común, no es más que nadie, aunque a veces los humos se suben a la cabeza, pero eso es un error”.

Marino Villalba (sexto, entre los parados, desde la derecha), en el equipo de Boquerón, junto con Cecilio Fanego, Juan Duarte, Lucio Augusti, Alcides Noguera, Antonio Román, Alcides Arzamendia y otras figuras.

FICHA

Nombre:  Marino

Apellidos: Villalba García

Apodo: Pira jagua

Fecha de nacimiento: 26/12/1965

Lugar de nacimiento: San Joaquín, departamento de Caaguazú

Esposa: Mirian Caballero

Hijo: Cristian Iván

Estatura: 1,78 m .

Puesto: Zaguero central

Trayectoria: Boquerón, Liga Barrereña, Liga Hernandariense, selecciones Paranaenses de mayores, selección Hernandariense, Atlético Stroessner.

Logros:  Campeón nacional de Interligas con la selección Paranaense en 1996, campeón de la Copa San Isidro con Paranaense en 1996, vicecampeón nacional de Interligas con Hernandariense.

Obs. Marino Villalba falleció en diciembre de 2018.

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